No hay excusa para no ser honrado, no hay justificación para aprovecharse de la confianza de los ciudadanos, no hay fuerza mayor que exculpe a aquéllos que ejercen la corrupción con dinero público.

Jugar al doble rasero con la ciudadanía es ya, por si mismo, un delito moral y ético, es injustamente lo que está haciendo el Gobierno del PP.

Mientras Rajoy es acusado por su persona de confianza, hoy en la cárcel, el Señorito Bárcenas, sigue escondiéndose detrás de los plasmas y sin dar explicaciones en el lugar que debería respetar: El Congreso de los Diputados.

El PP sigue mareando, despistando y engañando al iniciar el estudio de la ley de transparencia en un momento en el que todos sus dirigentes están implicados en la mayor trama de financiación ilegal de este País.
Ayer el PSOE, y otros grupos políticos, se levantaron de la comisión que estudia la ponencia de dicha ley; con el rotundo argumento de que hasta que Rajoy no explique las acusaciones de corrupción no validan negociaciones en la Ley de transparencia.

Ya está bien¡¡¡

Primero, un político debería dar ejemplo de honradez sin necesidad de ley que lo sujete.

Segundo, no se puede tener credibilidad mientras se exige que la ciudadanía cumpla lo que otros se saltan.

Tercero, que la derecha se hace rica, ahora y siempre, a costa de los intereses públicos.

Un presidente que miente y es acusado de corrupción no tiene ni la autoridad ni la potestad para dirigir nuestro presente y nuestro futuro. Máxima aplicable a Rajoy y al número de diputados populares de la Cortes Valencianas.