Articulo tras la Conferencia Política del PSOE

Se han quedado con las ganas quienes querían que la Conferencia Política del PSOE fracasara entre revanchas, reválidas o personalismos. Los socialistas de toda España, y los valencianos en particular, salimos contentos y orgullosos. Hemos participado en una cita histórica en la que el PSOE ha definido mejor su posición ideológica para el siglo XXI; hemos concretado unos ejes de acción política que eran esperados y deseados rotundamente y que se pueden sintetizar en tres colores que nos identifican: rojo, morado y verde.

Desde el punto de vista personal, me siento satisfecho por la aportación realizada y por el debate de las propuestas. Todos exigíamos concreción ideológica para cimentar nuestra posición en la izquierda política. Y entendemos esa izquierda en el conjunto de ideas y convicciones que busca los mecanismos políticos y sociales que garanticen el desarrollo pleno de las personas a través de la igualdad derechos, oportunidades y posibilidades. Sólo una izquierda moderna puede articular las bases para que cada individuo diseñe y ejecute un plan de vida para una vida que merezca la pena ser vivida.

Enarbolamos el rojo porque la crisis económica ha demostrado que el Estado no puede desaparecer porque los mercados sin control son aún capaces de concebir monstruos. Los socialistas creemos –y tras esta Conferencia Política, lo creemos más– que la Administración debe ser un motor económico eficiente y eficaz que regule el sistema económico para evitar abusos de la plutocracia y ataques a la dignidad de las personas mediante el mercadeo de los derechos individuales. Así se comporta la derecha en este país, pero no vamos a consentirlo más. Defendemos un giro a la izquierda que propicie un Estado inversor en las nuevas industrias sociales, innovador, promotor de un sector productivo que genere empleo de calidad y justo para que la política fiscal se base en que pague más quien más tiene, quien más herede o quién más gane.

Lucimos el verde porque, más allá del ecologismo, el progreso de la sociedad española ha de pasar necesariamente por un nuevo pacto entre la persona y el territorio. El medio ambiente no es un concepto abstracto ni una construcción mental sino que ha de ser protegido y respetado, no como una pieza de museo sino como eje de nuevas posibilidades de crecimiento económico concebido desde el respeto y la sostenibilidad. Defendemos, por tanto, un Moderno Estado del Bienestar sostenible económica y medioambientalmente.

Exhibimos el morado porque proclama igualdad sin resentimientos y libertad sin ira. El laicismo que defendemos no va contra nadie y se equivocan quienes ven en esta propuesta sentimientos anticlericales que algunos parecen añorar para justificar su propia existencia. Sobre los pilares de igualdad integradora y libertad cordial levantaremos el edificio de una Educación pública, universal y de calidad que priorice el talento, la innovación y la creatividad; que prepare a profesionales y creadores; sin que sea un negocio sino la inversión más importante de todas que es la que hacemos en nosotros mismos como sociedad.

Frente a nuestros colores, enfrente, está el negro del Partido Popular. Negro es el humo que se eleva sobre las ruinas en las que ha dejado el sector público tras haberlo incendiado sin importarle la calidad de vida y los derechos de los ciudadanos a los que juraron servir y proteger. Negras son las cenizas que han cambiado por dinero al convertir servicios irrenunciables de los españoles en fuentes de negocio para sus amigos. Allí donde el PP gobierna –y la Comunidad Valenciana es buena prueba de ello– sólo quedan tizones con los que se han manchado las manos.

Ante las tinieblas levantamos nuestras banderas rojas, verdes y moradas para hacer política para las personas; para proclamar que la economía es un instrumento para el bienestar de la sociedad y no un fin en sí mismo; para defender que hay derechos fundamentales que no se pueden restringir, ni, mucho menos, convertir en negocios para los de siempre. Nuestros colores hablan de una lucha constante por la igualdad y la libertad frente a un PP cada vez más oscuro, más radical y más autoritario. Colores para sentirnos orgullosos de un PSOE que renace con la fuerza de sus valores para configurar el próximo gobierno tanto allá en Madrid como aquí en Valencia. Un nuevo gobierno y una nueva manera de gobernar –convencido estoy– que llegará más pronto que tarde.

Artículo publicado en EL PAÍS

20131115-212239.jpg

20131115-212250.jpg