Os dejo el último artículo de opinión del compañero César Sampedro pulsado ayer en el Diario Información de Alicante

EL ESTADO SOY YO

20131218-095810.jpg«El Estado soy yo», «L´État se moi», recordaba con acierto hace poco Fernando Vallespín, la frase de Luis XIV de Francia, el «Rey Sol» y monarca absoluto del siglo XVIII por antonomasia. Y es que la concentración de los poderes del Estado, la vemos cada vez más en la forma actual de gobernanza: un ministro interior, Fernández Díaz, que se apropia de la calle (atentos a la nueva ley de seguridad ciudadana), por todas las vías posibles, incluyendo a los guardias de seguridad; un ministro de Hacienda, Montoro, que intenta hacer creer que la Agencia Tributaria es de su propiedad, viendo desafectos y en algunos casos «peligrosos socialistas» a los que hay que purgar, o colectivos críticos, véase el caso de actores o periodistas a los que en caso de crítica se les puede amenazar con no haber pagado lo que se debe al fisco.

Y es que parece que hayamos pasado de una mayoría absoluta o una mayoría absolutista, al viejo uso de los estados modernos. Otro claro síntoma de esta forma de gobierno es la concesión del indulto. El indulto era una «concesión graciosa», que se practicaba de manera habitual en la España de los siglos XVI, XVII o XVIII. Eran obra de su graciosa majestad, y se concedían por diversos motivos: la primera salida de la reina después de un parto, la visita de un príncipe de otro país, el nacimiento de una princesa o incluso para festejar la onomástica del rey. En el siglo XIX, con la llegada del liberalismo a España, y siempre con retraso, como casi en todo hemos ido, concretamente en el año 1870 se aprobó la actual ley del indulto, entonces en España gobernaba un general y era regente otro, Prim y Serrano, respectivamente.

Siglo y medio después, en un estado democrático, los indultos comienzan a otorgarse sin muchas explicaciones y sin concesión graciosa que lo razones. Tenemos por ejemplo al expresidente Balear y exministro, Jaume Matas, que ha solicitado el indulto alegando que su ingreso en prisión no serviría para la «reinserción social». Atrás queda la sentencia dictada en firme por el caso Palma Arena. Aquí en nuestra tierra, tenemos al exalcalde de Torrevieja, Pedro Hernández Mateo, que solicita el indulto alegando motivos de salud, y para ello cuenta con el aval y la firma de 45 de sus compañeros diputados de partido popular valenciano. Aquí la explicación más simple, que puede parecer irrisoria, pero que en realidad así la siente, la que ha dado el presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus: «Hernández Mateo, no tiene que entrar en prisión porque es amigo mío»(sic). Una descripción perfecta de la concepción de nuestra Comunidad Valenciana como un cortijo particular de quien ha gobernado aquí durante 18 años.

En definitiva, se concede el indulto sin que los Gobiernos tengan que ofrecer explicaciones o argumentar las razones que han conducido al perdón. Tenemos la mordaza y el control policial en la calle, tenemos el control omnímodo de la Hacienda pública, y tenemos la «concesión graciosa» del indulto, una combinación perfecta para que cualquier día un ministro del Gobierno cuestionado por un periodista pueda responder sin mayor problema: «el Estado soy yo». Continuará.

http://www.diarioinformacion.com/opinion/2013/12/17//1449564.html