Tenemos un proyecto para España que debe estar sólidamente vinculado a nuestro entorno exterior por dos motivos. En primer lugar, porque nuestros valores de paz, democracia, progreso o sostenibilidad no se agotan en las fronteras y, en segundo, porque solo será posible avanzar en ese proyecto si estamos bien conectados con el resto de Europa y del mundo. Las interdependencias son tales, además, que nuestro bienestar depende de que ambas dimensiones vayan en paralelo; es decir, proyectarnos más y contribuir a un mundo mejor para tener un país mejor. Nuestra política exterior es un instrumento imprescindible para alcanzar todos los demás objetivos del programa y sitúa a la ciudadanía en el centro de su acción. Se trata de una política pública al servicio de los intereses y necesidades de las personas. Por tanto participa de la necesidad de plena transparencia y constante rendición de cuentas, pero además, como tal política pública adquiere pleno sentido con su proyección social. 

A los ciudadanos y ciudadanas se dirigen, en primer lugar, el conjunto de acciones que proponemos en defensa de la paz y la estabilidad en el mundo, la promoción y defensa de los derechos humanos, la preservación del medio ambiente, la cooperación internacional al desarrollo y la lucha contra la pobreza, la gobernanza de la globalización económica o nuestra respuesta al fenómeno de los flujos migratorios. 

Esa es también nuestra visión para el proceso de construcción europea y para su lugar en el mundo. Queremos una Europa que represente al conjunto de países europeos con una voz coordinada en el mundo. Una voz exterior que sea coherente con los valores que encarna esta Unión, las políticas sociales que sostienen nuestro estado de bienestar, la solidaridad y la cohesión social. 

España debe defender sus intereses en el exterior, los de sus empresas y el conjunto de la sociedad civil, mediante la aplicación eficiente de sus instrumentos de diplomacia económica y cultural, buscando una mayor sinergia y complementariedad externas de la política económica, energética, educativa, científica o cultural. Eso permitirá además proyectar al mundo una imagen atractiva de lo que queremos ser como país. 

El PSOE denuncia la situación actual de la cooperación al desarrollo española, que ha caído a niveles por debajo de los años noventa, lo que refleja la concepción del PP como una política caritativa para años de bonanza económica. Pondremos en práctica una política de cooperación previsible para los receptores, sostenible en el tiempo, fundada en la igualdad de todos los hombres y mujeres y en la exigencia del respeto a sus derechos fundamentales. 

El PSOE quiere una España que abandere las iniciativas a favor de un mundo sostenible. La coherencia de nuestra política interior nos permitirá influir en los foros internacionales con propuestas exigentes. Debemos aprovechar los resultados de la cumbre de Paris sobre Cambio Climático en diciembre de 2015 avanzando en un compromiso vinculante y definitivo para la reducción de emisiones contaminantes que incluya a las grandes potencias. Es nuestra responsabilidad con los ciudadanos y ciudadanas que vivirán en el mundo en las próximas generaciones.