La sociedad experimenta un proceso de  cambio y transformación profundo. Las recetas de otros tiempos, o bien han quedado obsoletas, o bien ocupan un lugar menos preeminente. Un nuevo tiempo que demanda, no solo nuevas propuestas políticas sino también nuevas formas de hacer y entender la acción política. 


No se trata de prescindir y relegar aquellos valores esenciales, permanente e inmutables que han cimentado el socialismo desde la fundación del partido.  Sino de repensarlos y reformularlos para que su plasmación  en medidas concretas responda a las nuevas necesidades y demandas de una sociedad sometida a un proceso permanente y vertiginosos de cambio. Si un partido no quiere o no es capaz de entender esta realidad y se aferra al pasado, por brillante que este sea y, en el caso del PSOE lo fue en los 80, no tiene futuro.


Los logros sociales y políticos de aquellos tiempos están políticamente amortizados, consolidados e interiorizados como algo propio de la ciudadanía que solo se movilizará ante quien pretenda recortarlos como así ha sido frente a la agresión del PP, entre otros derechos, a la sanidad y educación pública. Tenemos que estar satisfechos y orgullosos como socialistas, pues esa asunción de nuestros valores como propios por la población  significa que hemos tenido, no solo voluntad transformadora sino capacidad para implantarla en la sociedad. 


La nueva realidad exige incorporar nuevas propuestas a nuestro programa político. Soluciones concretas y reales a las demandas de una sociedad más exigente y, particularmente, a los anhelos de unas generaciones de jóvenes formados, con sentido crítico y criterio propio,  y cuya capacidad de intercomunicación  a través  de las redes sociales se produce en tiempo real. Estos nuevos ciudadanos plantean cuáles son sus necesidades y exigencias pero también cómo y con quién pretenden que se resuelvan. El cómo y el qué es fundamental para decidir con quién. Como ciudadanos quieren ser protagonistas de la construcción de su mundo y por ello exigen participar en la toma de decisiones. 


Los socialistas tenemos que sacudirnos el miedo a la apertura para librarnos de la endogamia que impide la circulación de ideas frescas y la incorporación de nuevos activistas como militantes o simpatizantes. Ya no sirve solo proyectar nuestro programa a la sociedad, que también, sino que se impone apostar, sin miedo, por la intercomunicación y la interacción con ese nuevo ciudadano que aspira a ser sujeto activo en el diseño de su mundo.


Por consiguiente, las medidas que propongamos deben ser producto de escuchar a las personas, de contar con ellas y reformularlas con ellas a la luz de aquellos valores permanentes e inmutables del socialismo.


Vicent sanchis fue alcalde socialista en la Pobla de Farnals