Decir a estas alturas que el mapa político de España ha cambiado radicalmente es una obviedad tan grande que resulta casi una memez repetirlo. Encontrar explicaciones al cambio, ya lo hacen los científicos sociales, comentaristas y demás gremios del pensamiento y el análisis


Cómo actuar los partidos políticos en este nuevo marco ya resulta más difícil de establecer y es materia reservada (o debería serlo) para los estados mayores de las organizaciones. El saber es poder y quien está en posesión del conocimiento sabe lo importante que es guardarlo con discreción y utilizarlo para adquirir ventaja sobre el rival político. 


En esta situación, a los comunes mortales que nos roe el gusanillo no nos queda otra que observar el comportamiento de la clase política y buscar una explicación racional a sus actos. Aunque se disfracen de mona con traje de seda, no es difícil suponer que aquí nadie da puntada sin hilo, aunque seequivocándose


Dicho esto, quiero preguntarme: ¿qué hemos hecho los socialistas para merecer el peor resultado electoral desde 1977? Supongo que habrá expertos al servicio del Partido estrujándose el magín y retorciendo sus neuronas para diagnosticar el problema y buscar soluciones. Pero lo cierto es que la cosa no viene de ahora. Año tras año durante décadas hemos visto como la cosecha de votos ha ido mermando y me da la sensación de que poco se han preocupado por ello las sucesivas direcciones políticas surgidas de nuestros congresos. Si en alguna ocasión hemos remontado ha sido más por errores del adversario que por méritos propios. Así, hasta que nos han surgido rivales capaces de zamparse la tostada dentro del campo ideológico propio. 


No le echemos la culpa a Pedro Sánchez. Bastante está haciendo con mantener el tipo y pelear por presidir el gobierno de España con solo noventa escaños propios en las Cortes y una mano atada a la espalda por su propio partido. 


Dejémonos de monsergas y al grano. Hoy proliferan los gobiernos de coalición con cuatro y hasta con cinco partidos. Nada que objetar, si esa es la voluntad de los electores; pero lo cierto es que todo ese espectro político cabía dentro del PSOE hace unos años y poco a poco la gente ha ido abandonando el partido de Pablo Iglesias, nuestro abuelo, no el de la coleta. 


Hablando del ruin de Roma, ojo con este chico. Es un mal educado, un faltón y un demagogo. Tal vez sus raíces políticas se hundan en alguna ciénaga como dicen ciertas vocesTal vez. Pero eso importa poco en estos momentos de refriega política. Lo cierto es que el sujeto no se puede decir que no sea hábil. Su ambición no tiene límites y de un bocado se ha tragado ya unos cuantos millones de votos de seguidores de IU y también nuestros. Su voracidad, tan legítima por otra parte como la de cualquiera, no ha llegado todavía al límite. Ahora se le hace la boca agua ante la posibilidad, que él considera al alcance de la mano, de engullir vivo al PSOE y roer sus huesos. 


¿Somos ya una breva madura? 


Lluís Martínez Benaches es Militante socialista desde hace más de cuarenta años.

Alcalde de Silla (Valencia) de 1979 a 1989.