El País Valenciano es una de las Comunidades más debilitadas ante la crisis, el paro, el endeudamiento público y privado, el deterioro y baja calidad de muchos de los servicios públicos, la dilatadahegemonía de un partido atravesado por la corrupcióny la consiguiente pobreza de nuestra democracia, hacen especialmente difícil la intervención política

 

La ausencia, durante los años de bonanza, de políticas económicas consistentes, permite afirmar que la crisis tiene especiales características negativas en nuestra Comunidad: los llamados “grandes eventos” que aún se deben, la desmedida construcción de vivienda y la economía especulativa dibujan un negro panorama para salir de esa crisis.

 

La ciudadanía, hoy más que nunca, reclama respuestas y soluciones ante el miedo y la incertidumbre alimentados por muchos años de esa profunda crisis. La política, la acción pública está obligada a dar esas respuestas y ofrecer soluciones. Las izquierdas deben ser capaces de articular mayorías para gobernar los territorios y alcanzar el gobierno de la Generalitat, tienen la máxima responsabilidad en esa acción política, desde el convencimiento de que el cambio es necesario y, desde luego, posible.

 

Gran parte de la batalla por ese cambio posible se va a dar en el nivel local, que es el de la política de proximidad. Es la hora pues de mejorar las organizaciones de izquierda en el ámbito local, de dotarlas de nuevas ideas, estructuras y funcionamiento en nuestros pueblos, en nuestras comarcas y en nuestras ciudades. En lo local, están los espacios para la esperanza de mucha gente, para diseñar y realizar políticas para la calidad de vida de la ciudadanía, para planificar y proyectar un nuevo modelo productivo sostenible, ético, equilibrado y duradero, para la innovación y la calidad democrática desde la cercanía y la participación de la ciudadanía. Es, pues, el territorio idóneo para diseñar las instituciones y los partidos que se necesitan para un proyecto de esa magnitud.

 

No es desde una posición defensiva como los progresistas conectaremos con las ansias de cambio de la ciudadanía. Al contrario, es la innovación, en todos los ámbitos, la idea central en torno a la que construir un modelo de competitividad y sostenibilidad con futuro para el País Valenciano. Una sociedad innovadora que requiere de la implicación y complicidad de la ciudadanía, que exige de un cambio cultural en profundidad, apoyado en la formación y la educación, la diversidad, la participación, la calidad en el empleo, la responsabilidad social, la productividad sostenible, la igualdad de género, la creatividad, el espíritu emprendedor y la tolerancia.

 

Este modelo, deseado, necesario y posible requiere situarlo en el discurso central de la izquierda valenciana en su conjunto, europea y española. Lo local y lo global deben alimentarse mutuamente, porque la economía global está íntimamente relacionada con la gestión local y regional, porque desde lo local deben diseñarse aquellas políticas públicas que den consistencia a la democracia y a la calidad de vida.

 

La izquierda valenciana, desde su propio territorio y proyecto, debe contribuir, pues,  a construir un “Proyecto progresista español” en la dinámica de construcción de un “Proyecto Progresista Europeo”.

 

La izquierda valenciana debe asumir ese reto, la izquierda política y social debe ser capaz de diseñar un proyecto político al que se sienta llamada la ciudadanía en su conjunto, está obligada a crear las condiciones que hagan creíbles gobiernos progresistas locales y un Gobierno en la Generalitat fuerte y consistente, con vocación estratégica más allá del cortoplacismo de los períodos electorales.

 

Por una parte, necesitamos UNA NUEVA ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA Y POLÍTICA, debemos ser conscientes de que el futuro son los gobiernos supramunicipales, que las Diputaciones deben emprender su desaparición, pues la complejidad requiere cambios en el modo de gobernar. Debemos emprender la creación de unos gobiernos supramunicipales que reciban competencias, tanto desde arriba (la Generalitat), como desde abajo (los Ayuntamientos), lo que exige sentar las bases de una nueva manera de gobernar más dispuesta para la colaboración, la cooperación y la decisión compartida entre las distintas administraciones que concurren en un territorio.

 

Por otra parte, estamos obligados a crear y mantener UNOS SERVICIOS PÚBLICOS PARA LA CALIDAD DE VIDA, partiendo de que la justicia social debe seguir siendo un principio asociado a los progresistas, la defensa de los servicios públicos es irrenunciable, lo que no implica olvidar las reformas necesarias que puedan mejorarlos y hacerlos más eficientes.

 

Junto a lo señalado, debemos ser capaces de articular UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO SOSTENIBLEun modelo para un crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva. Hay que reinventar el País Valenciano, debemos ver la crisis económica como una oportunidad para nuevas políticas públicas, diseñar un nuevo modelo productivo directamente vinculado a la educación y la innovación, una estructura productiva diversificada y un aumento constante de tecnología en la economía, una sociedad, en resumen, basada en el conocimiento. Esa sociedad, ese nuevo modelo productivo debe asentarse en los territorios. Es en ellos donde hay que promover la localización de economías productivas, donde promocionar la innovación y la inversión tecnológica que los convierta en “territorios inteligentes promotores del talento”.

 

Por último, la izquierda  debe crear las condiciones para EL ESPACIO PÚBLICO PARA LA INNOVACIÓN Y LA CALIDAD DEMOCRÁTICA. La vitalidad y la calidad de la democracia requiere de ciudadanos comprometidos con ella y los gobiernos en mejor disposición para facilitarla son los gobiernos locales, por ser los más cercanos a la vida cotidiana. Para ello, para facilitar y promover la participación democrática, los gobiernos han de ser transparentes y crear los mecanismos que permitan a una ciudadanía informada intervenir en el diseño y gestión de los asuntos públicos. Las nuevas tecnologías ayudan a explorar nuevas vías de intervención ciudadana y son los gobiernos locales los más idóneos para la innovación democrática.


Es la hora de los Ayuntamientos, como creadores de espacio público y de ciudadanía. La ciudadanía debe ser convocada a un compromiso con lo común, un compromiso, en definitiva, con el bienestar de todos y de todas.

 

Francisco Sanz es Abogado y militante socialista de Valencia