Todo ha cambiado, ya nada es ni funciona como en 1978 cuando nos dotamos del marco de convivencia económico, social y político que es nuestra Constitución. En aquellos tiempos, el liderazgo político permitió consolidar las bases de la sociedad de hoy, de la tan esperada y ansiada democracia. Un momento que dio seguridad y estabilidad a España, que nos permitió crecer y hacernos fuertes colectivamente.

Aquellos viejos y respetados liderazgos abrieron la puerta a la ilusión y la esperanza, siendo capaces de estructurar lo necesario para dar respuesta a lo que el pueblo en aquel momento reclamaba.Hoy, según los planes previstos hace 35 años, vivimos en una sociedad democrática madura y formada en los principios de participación y responsabilidad. Es por ello, que siguiendo el mismo espíritu de avance y modernidad que persiguieron los protagonistas de aquella España, reclamamos, ahora, no quedarnos inertes e instalados en la conformidad, queremos más y mejor, removiendo aquello que es de otra época para adaptarse a una nueva realidad política e institucional acorde con esta sociedad del siglo XXI.

Abordamos, sin duda, otra de las etapas más interesantes de la historia de nuestro país y, al mismo tiempo, más necesarias: una segunda transición que permita salir de la actual situación de crisis y afrontar un futuro con expectativas. Los socialistas tenemos, de nuevo, un papel clave que liderar, alzando nuevas banderas desde la izquierda que permitan enfrentar las políticas de la derecha basadas en principios de caridad cristiana y desigualdad, en el individualismo que interfiere en lo colectivo y en la autoridad moral de unos pocos. Sin miedo y sin pudor, es momento de remover cimientos, romper pactos de silencio y cumplir con nuestra responsabilidad socialista de seguir avanzando mirando al futuro.Pero, eso sí, desde la sinceridad y la cercanía a la calle, dejando lo cómodo conocido por nuevos espacios en los que el pueblo vuelva a ser protagonista.

Hemos de actuar y pronto, porque la calle exige, a los que tenemos el compromiso político de hacer, que nos pongamos a la faena, no es momento de lamerse heridas ni de esconderse en falsas glorias, es nuestra obligación responder, y con acierto, a los nuevos retos que se nos presentan.

Creo que el PSOE debe liderar una reforma constitucional seria para mejorar la calidad democrática española. Destacando la necesidad de revisar el modelo de la Jefatura del Estado para dotarla de mayor transparencia, control y participación ciudadana y que sean los españoles los que decidan cómo debe ser esa institución. Así como la eliminación o revision del Senado o cualquier estructura administrativa que no sea útil a los ciudadanos o que esté duplicada como los delegados de los gobiernos tanto nacionales como autonómicos, o las diputaciones provinciales. No es posible que la complicidad de los políticos con sus electores sea cada cuatro años, hemos de activar mecanismos de participación directa de los ciudadanos, sin miedo a la democracia, al voto o a los referéndums. Son, en definitiva, los valores de igualdad, libertad y voto que representa la república y que nos define a muchos socialistas. Las urnas no pueden dar miedo, por ello propongo incluir también al Fiscal General del Estado, al Fiscal Anticorrupción, a los miembros del Tribunal de Cuentas y al Defensor del Pueblo.

En definitiva estoy convencido de que se debe hablar, sin miedo, de todo: desde las mismas estructuras del Estado pasando por su Jefatura a las reformas económicas, sociales y políticas que precisa la España del siglo XXI. Es la hora del renacimiento de la política para las personas.