En la escuela de verano de las JSA, que se celebra hoy en Sevilla, he participado en la mesa “construyendo un nuevo proyecto socialista” junto a Beatriz Talegón y Josu Gómez.

Un debate en el que he compartido mi convencimiento de que para un nuevo proyecto socialista también se requieren nuevos equipos y liderazgos. Convencido de que una de las causas que nos alejan, cada vez más, de la ciudadanía son las viejas formas de hacer política y los mensajes caducos e institucionalizados.

La gente espera una clara diferenciación con el PP, una alternativa real y creíble en lo social, lo económico y lo institucional. Tengo la firme convicción de que la justicia y la igualdad no son términos caducos, sino que deben seguir siendo referencia en las políticas socialistas modernas de nuestro tiempo.

Los socialistas creemos en la igualdad de las personas, en la igualdad de oportunidades y posibilidades para que cada persona pueda desarrollar su propio plan de vida en libertad y confianza para acceder a recursos y derechos sociales indiscutibles.

Nuestra voz debe denunciar constantemente la estrategia de la derecha que pretende priorizar la caridad a la justicia social, ya que es prioritario salvaguardar la dignidad de las personas y la seguridad del bienestar colectivo.

Los socialistas tenemos que alzar nuevas banderas acordes al siglo XXI, abanderando nuevas propuestas de empleo y apostando por el fomento, respeto y desarrollo del medio ambiente, la creatividad, el talento y la innovación como ejes de la nueva economía productiva, con una educación publica, universal y laica como piedra angular se todo el sistema. Apostando por las industrias sociales que permitirán situar a la personas como eje de toda acción e iniciativa política.

Los socialistas tenemos que coger el nervio de la sociedad, volver a la calle e imaginar un futuro posible en positivo, siendo el partido referente de la mayor democratización de la España moderna.

Tenemos que ser auténticos en nuestros mensajes, con formas diferentes y con nuevos liderazgos que pongan fin a esta travesía del desierto en la que estamos para recuperar la ilusión y la fuerza que nos hará gobernar, eso sí, sin miedos, con la cabeza bien alta, los pies en el suelo y el corazón a la izquierda.

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