La alternativa

No es ningún secreto el desencanto existente hacia la clase política por parte de los ciudadanos. Este desencanto va unido a una sensación de distanciamiento, el ciudadano no siente que su voz tenga poder, que su voto tenga representación real y este sentimiento tiene su máximo exponente en las próximas elecciones al Parlamento Europeo.

El desencanto público del que hablamos es lícito, a la vista de todos está que muchas cosas se están haciendo mal, pero también lo está que otras tantas se hicieron mal. Aunque en ocasiones nos cueste demasiado, la autocrítica y reconocimiento de errores es un paso necesario en el camino hacia la reconciliación con nuestros votantes.
Subrayar el hastío y hartazgo popular tiene sentido, pues la participación ciudadana es, al mismo tiempo, el objetivo y la máxima preocupación política. Es el objetivo porque es necesario movilizar al mayor número de votantes posibles, necesitamos reflejar en las urnas el ‘no’ a los recortes, a las políticas de austeridad que nos tienen acostumbrados entre unos y otros. Es la máxima preocupación porque en un momento convulso como éste, la abstención política es uno de nuestros mayores enemigos y consecuencia reveladora de la desinformación.

La Europa que conocemos hoy día no es la misma que hace unas décadas, el viejo continente ha ido evolucionando progresivamente, desde la creación de la Unión Europea tras las II Guerra Mundial y su posterior desarrollo, hasta la inclusión de los últimos miembros en 2013. La tendencia actual hacia la que deberíamos dirigirnos es promover el sentimiento europeísta de los ciudadanos, seguir nuestro camino hacia lo que dijo Winston Churchill en su discurso de Zurich en 1946, unos ’Estados Unidos de Europa’.

Centrándonos en la cita con la democracia del próximo 25 de mayo, cabe destacar una vez más la vital importancia de la participación ciudadana. Los antecedentes en cuanto a participación en las elecciones al Parlamento Europeo no son especialmente esperanzadores, pues en las últimas elecciones de 2009, por ejemplo, la participación en España a duras penas superó el 44%. Por no hablar de la participación joven. Esta baja participación radica, entre otras cosas, en el desconocimiento o desinformación que antes he mencionado. Muchas de las decisiones que se toman en el Parlamento Europeo nos afectan en nuestro día a día, desde el etiquetado en los productos ecológicos hasta la concesión de Fondos Estructurales para el desarrollo y construcción de infraestructuras a nivel regional.

El Partido Socialista Europeo (PSE) liderado por Martin Schulz propone un proyecto ambicioso, un proyecto para acabar con las políticas neoliberales de los populares europeos. Votar la socialdemocracia es votar por el cambio, un cambio extraordinariamente importante y necesario. Votar la socialdemocracia es anteponer las personas a los mercados, primar lo social en lugar de lo económico. Votar la socialdemocracia es votar por la alternativa. La alternativa que, si todos nos movilizamos, gobernará Europa los próximos cinco años.

Jorge Ribes Vicente
Militante socialista de Castello

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