¿Es posible otra Europa Socialista? por Marcial Vázquez de Almeria

20140429-071329.jpgLa evolución de los sistemas, incluso en política, es algo inevitable por la tendencia a desarrollarse de los organismos vivos que lo componen. Pero una cosa es la evolución natural que marca el tiempo y el cambio de marcos políticos y sociales a lo largo de la historia, y otra muy distinta es la transformación de su “esencia creacional” o su raíz.

Algo por el estilo le está pasando a la Unión Europea desde que estalló la crisis financiera mundial del 2008, y que por la gestión inadecuada e incompetente de la UE se encadenó con la crisis de la deuda soberana de los países, cuyas consecuencias seguimos arrastrando de manera muy cruel y especial en España. Porque tenemos un gobierno que ha aprovechado la coyuntura de los dictados neoliberales de Bruselas-Berlín para aplicar el programa máximo de la derecha española que tenían desde la muerte de Franco guardado en un cajón y nunca se habían atrevido a ejecutarlo en su totalidad. Rajoy no solamente lo ha implantado en su totalidad sino, a su vez, de forma totalitaria.

La Unión Europea no pasa, ni mucho menos, por sus mejores momentos en cuanto al apoyo que manifiestan los ciudadanos en las encuestas. Desde la creación del Eurobarómetro en 1973, es en la actualidad donde los índices de popularidad de la UE en los países miembros se encuentran más bajos que nunca. En algunos porque creen que aportan demasiado para lo que reciben, y en otros porque creen que Europa no nos aporta lo suficiente para lo que necesitamos. Aquella Europa solidaria, de los fondos de cohesión y del equilibrio de poderes soberanos, ha pasado a un segundo plano hasta parecer ya casi irrecuperable. La Unión Europea, a mi juicio, se ha transformado en una especie de “euroreich”, donde Alemania ocupa todos los poderes y gobierna de forma unilateral sin importarle las necesidades, o pareceres, de los demás países. Una gestión autoritaria que se nota, sobre todo, en el seno de la Unión Monetaria.

Ante esta situación, y dejando de lado la propaganda política de los partidos, surge la siguiente pregunta: ¿es posible, el 25-M, cambiar esta Europa de derechas por otra socialista? Y la respuesta sincera es que se puede pero no de manera fácil ni automática. Incluso aunque el partido socialista fuese el grupo parlamentario más numeroso en Estraburgo, no sería sencillo este cambio. ¿Por qué? Porque el consejo europeo es la institución política europea con más poder por encima de todas las demás, a pesar del sistema de decisión política imperante en el mecanismo europeo.

Uno de los grandes problemas que tenemos los socialistas en Europa es la falta de referentes políticos y alternativos que contraponer a las políticas de la derecha. No podemos obviar lo siguiente: dos países con el peso de Francia e Italia son de izquierdas, pero esto no ha significado nada de cara al poder de Merkel en Bruselas. Es más, en Alemania la coalición de la Canciller con los socialdemócratas alemanes también abre una especie de crisis de identidad de izquierdas que nos lleva a plantearnos por la realidad, primero, de poder ofrecer un modelo de Europa distinto; y, segundo, por la auténtica disposición para atrevernos a hacerlo.

Dejando a Italia a un lado por su particularidad política (debido a su sistema político y de partidos), miremos a Francia. Cuando Hollande ganó las elecciones, todos los socialistas europeos, especialmente los españoles, lo celebramos como un cambio de ciclo en las políticas de la UE, como si el nuevo presidente francés fuese a poder echarle un “pulso” de poder a Ángela Merkel. Los resultados están a la vista en estas recientes elecciones municipales, donde los franceses han dado la espalda al partido socialista. Y, lo peor, siendo esto grave, es la respuesta de Hollande: nuevo primer ministro con un perfil más conservador, y giro de sus políticas de una manera que han recordado al que inició en el 2010 en España Rodríguez Zapatero.

Creo firmemente, como decía, que una Europa socialista no solamente es posible sino que es tan necesaria que no podemos escondernos y renunciar a luchar por ella. Pero el camino para provocar este giro en la austeridad y el sometimiento del Banco Central Europeo al dictado de Berlín no solamente pasa por ganar el 25-M sino en conseguir que el Consejo imponga una visión progresista y expansiva y doblegue el, hasta ahora, poder incuestionado de la derecha alemana imperante en este principal foro de decisión europea. Pidamos a los ciudadanos su voto al proyecto socialista, pero pidámonos a nosotros mismos la valentía política para hacer frente a la austeridad impuesta y suicida de la derecha europea. Es una batalla que los políticos tienen que dar con el respaldo de los ciudadanos pero no dejar en estos ciudadanos el último escalón de responsabilidad en la creación de una Europa más humana y democrática.

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