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Si de algo tenemos que admirar del Partido Popular es su capacidad de aglutinar a todas las tendencias y sensibilidades del pensamiento conservador y liberal (incluida la derecha extrema) sin la más mínima fisura. Ni siquiera en nuestro País Valenciano, término satanizado a coro en todas sus corrientes internas, los asuntos tristemente célebres de corrupción, especulación urbanística o financiera y despilfarro, puestos en solfa por la prensa internacional, denunciados sistemáticamente por la oposición política, especialmente el PSPV que está presente en todos los casos judiciales, han hecho mella en la cohesión interna de dicha organización. “Todos a una como Fuenteovejuna”.

Todo lo contrario parece que está sucediendo en todo su espectro político a su izquierda. La característica fundamental de lo que ocurre en el espacio del pensamiento progresista es su fragmentación en distintas fuerzas que se reclaman políticamente de izquierdas. La irrupción de formaciones emergentes, a raíz de las últimas elecciones europeas, va conformando ese escenario social y político. Y resulta tan curioso como desalentador que la mayoría de la población, la mayoría social, la suma de electores de este espectro es notablemente superior al número de votantes de la derecha, y, sin embargo, no tienen la más mínima repercusión en el escenario institucional.

El PSPV es consciente no solo de estas circunstancias sino de los nuevos tiempos que han de venir, y tiene la obligación, como la fuerza mayoritaria en la oposición, de liderar un proyecto propio de cambio político y social, de transparencia y participación, de defensa de lo público ante los mercados, de desarrollo de las libertades con más libertad, susceptible de ser compartido tanto por mayoría de la ciudadanía como de las demás fuerzas políticas cuyo objetivo sea cambiar la desigualdad social y coadyuvar a una regeneración democrática profunda que recupere la confianza de la población en sus instituciones y en la política.
Ximo Puig fue elegido democráticamente en unas primarias abiertas por el PSPV para candidato a la Generalitat Valenciana. Y Puig es quien ha de tomar las riendas de este nuevo camino. Todo el Partido está con él en este empeño. Se acabaron las rencillas internas, los juegos de poder, las cuotas parasitarias, el problema lo tenemos enfrente: una sociedad empobrecida y triste, una sociedad descreída e indignada, una sociedad con un desempleo aterrador, una sociedad que nos mira y que quiere, con humildad, le demostremos un giro contundente y amable a la izquierda, sin desacreditar a nadie por pensar diferente, siempre con la mano tendida, para que no seamos dignos de su desconfianza. Queremos, podemos, luego debemos.

Manuel Lubary, miembro de la comisión de garantías del PSPV-PSOE