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Ecos de Suresnes.

El Congreso de Suresnes celebrado por el PSOE en 1974 y del que ahora se cumplen 40 años, supuso un hito no sólo para la historia del socialismo español sino para la historia social y política de España. Afirma Alfonso Guerra que no se puede entender la historia contemporánea de España sin la historia de este partido más que centenario. Realmente y desde el rigor del análisis histórico que algunos pretendemos realizar al estudiar la realidad, así lo podemos expresar.
Suresnes supuso una equiparación del socialismo español a la socialdemocracia europea, dirigida entonces por Willy Brandt, Olof Palme y François Miterrand. Fue este último quien acogió como presidente el Congreso celebrado en una pequeña localidad del sur de Francia. Miterrand recibía a los españoles pensando que aquello se trataba nada más de una reunión de socialista exiliados, pagando tal vez con ello la deuda de la terrible acogida que las autoridades francesas brindaron a los exiliados republicanos en 1936.
El Congreso coincidía al mismo tiempo con otro acontecimiento histórico acaecido en Portugal, la “Revolución de los Claveles”, protagonizada por los jóvenes coroneles del ejército que de manera pacífica y con el apoyo del pueblo derrocaron la dictadura del general Salazar, con similares características a la del general Franco en España.
El franquismo se encontraba en 1974 en sus estertores, pero de lo que se trataba entonces, y así consta en las resoluciones de este Congreso, era de afianzar los derechos y libertades, de ahí que el nombre del Congreso fuera “socialismo en libertad”. Sólo a consecución de las libertades y el avance hacia la democracia acabarían con la manida frase de que “España acaba en los Pirineos”.
De ahí la importancia de aquel Congreso celebrado en el exilio, de la acertada elección de “Isidoro”, nombre en clave de Felipe González, como primer secretario del partido, pues fue posteriormente el líder que supo equiparar España a la moderna socialdemocracia europea. Se sustituía entonces al “socialismo histórico”, al que se agradecía la legación del patrimonio, Rodolfo Llopis en el exterior, Pablo Castellano en el interior, por el llamado socialismo renovado.
Cuarenta años después, los que nacimos en democracia sólo podemos agradecer a los delegados de aquel Congreso su contribución a la democracia y a la construcción del socialismo en España. Aunque por otro lado, nos preguntamos que ha quedado como poso en la actualidad del espíritu de aquel Suresnes.
Han sido muchos los hechos acaecidos que desentonan con lo que supuso aquello. El primero y más reprochable, recordado por Guerra en la conmemoración realizada en Madrid, que “la ambición por el dinero ha hecho traicionar a muchos los principios del socialismo”. Lo de las tarjetas opacas de Caja Madrid, no es más que una muestra de esta traición. Hay todo una historia de traiciones y felonías a los principios del socialismo que los más jóvenes tenemos la obligación de poner sobre la mesa.
Pero el legado de Suresnes supone una nueva oportunidad, la de reorganizar los principios de la socialdemocracia, en la lucha por la recuperación de los derechos sociales perdidos en los últimos años, de la recuperación completa del Estado del Bienestar construido en los ochenta, del triunfo de la política sobre la imposición de los mercados y de un progreso constante en la consecución de los derechos ciudadanos. Esos son los ecos de Suresnes que algunos queremos recuperar.

César Sampedro Sánchez.
Doctor en Historia.