Definir nuestro modelo socialista del siglo XXI significa tener, a demás de trazadas las líneas gruesas, establecer nuestro concepto de vida, sociedad y de relación nacional e internacional para el hoy y el mañana. A nadie se le escapa que nuestros principios y valores, nuestro proyecto socialista que consistía en el crecimiento económico con inversión directa en infraestructuras estratégicas, educación pública, la sanidad universal , la igualdad y la lucha por los derechos sociales e individuales son ya conceptos que la sociedad ha patrimonializado, y eso nos obliga a un esfuerzo intelectual para ofrecer un nuevo marco de convivencia con las reformas y revisiones necesarias que nos hagan volver al protagonismo de la modernidad y de la vanguardia, sin permitir ni un sólo paso atrás en los derechos consolidados.

Estamos en un momento de transición política, donde, además la crisis económica ha participado de la crisis política y la social y todo está en tela de juicio gracias a una sociedad que es la mejor formadas y preparada en la historia de España y con nuevos mecanismos tecnológicos de acción, interrelación y reacción. Eso nos ha de hacer fuertes desde los conceptos claros, los mensajes bien articulados y sin miedos y una acción política coordinada común desde todos los puntos de España.

Y tenemos que hablar con claridad y con actitud positiva y transmitiendo capacidad, ganas y empeño en participar de liderar el futuro de nuestro país dentro del marco europeo y atendiendo los diferentes elementos de la geopolítica mundial. Y lo tenemos que hacer sin complejos, escuchando a la gente, sí, pero con directrices claras y valentía.

Nada es inamovible, y menos para la izquierda, porque nuestro modelo futuro conllevará, estoy seguro de ello, un cambio de mentalidad como la que se consiguió en los años 80 y en la primera legislatura de Zapatero. Por eso, porque hay que estar con la gente, a la gente le tiene que llegar que un modelo socialista moderno y creíble es posible y que nuestra apuesta por un Moderno Estado del Bienestar sostenible social, económica y medioambientalmente, no sólo es necesario, sino que es fundamental para la convivencia y coexistencia en paz y desarrollo común. Un modelo que conlleve más libertad; una decidida democratización del sistema que recupere la confianza ciudadano-Estado, estableciendo la corresponsabilidad y el control popular; más oportunidades y posibilidades reales, para el desarrollo del Plan Individual de Vida de cada individuo; una decidida apuesta por los nuevos sectores productivos y mayor competitividad en todo ámbito; una revisión de la relación persona-territorio en todos sus sentidos; la necesidad de inversiones reales y sociales sostenibles, productivas, seguras e inteligentes; Una activa participación del Estado en la prioridad de las personas frente a los negocios financieros y los mercados; una nueva fiscalidad definitivamente socialista; la racionalización administrativa y las instituciones eficientes, eficaces y sostenibles y, finalmente, la apuesta por un modelo educativo de vanguardia en toda la vida del ciudadano que se sustente en el esfuerzo, mérito, capacidad, calidad, innovación, ciencia, laicismo e inteligencia emocional.

Creo urgente el esfuerzo. Pero también creo, que ese esfuerzo no corresponde hacerlo sólo en nuestra militancia y con nuestra gente. Si analizamos los últimos años, la izquierda intelectual no parece que nos acompañe demasiado y, es por eso, urgente establecer un nuevo pacto intelectual de la izquierda. Porque los modelos, la anticipación y la previsión enmarcada en los valores de izquierda, lo que nos hace ser auténticos, innovadores, transgresores y provocadores, debe hacerse en el partido, pero con una clara interacción con los intelectuales, universitarios, pensadores, escritores, filósofos y creadores. Debemos con celeridad recuperar el pacto intelectual, establecer vasos comunicantes más allá de las fotos y los titulares puntuales con la intelectualidad de este país que, además de crear el marco conceptual ideológico, también participará de su transmisión y difusión.

No hablo de la política elitista o de la política hecha por o para las élites: Hablo de una necesaria simbiosis entre el PSOE que quiere la vanguardia y la transformación real con aquellos que la producen y nos ayuden a diseñar y transmitir los próximos 30 años de sociedad. Es necesario abrir nuestro pensamiento y concretar junto con los potenciales intelectuales, pensadores, productores de ideas y de innovación progresistas de la sociedad qué queremos y hacia dónde queremos ir; además, es la mejor manera de dejar de hablar de nosotros mismos y evitar las improvisaciones personalistas de unos y otros.

Y todo esto, con una actitud positiva, valiente, de liderazgo fuerte y de crédito social. Nosotros tenemos que volver a la “España en Positivo” y mensajes claros como “por el progreso de la mayoría”. Nosotros tenemos que tener una actitud de fuerza positiva. No podemos dar la impresión de estar en un segundo plano, con medios miedos y tintas vacías. Tenemos la obligación de salir orgullosos a explicar que el PSOE pudo, puede y podrá ser la esperanza real para una vida mejor, atendiendo a la nueva realidad social y con unos pilares y fundamentos sociales, culturales, económicos e intelectuales que nos ofrezca una garantía para una sociedad mejor que ha de superar un gobierno de la Derecha que sí está sabiendo aplicar su modelo ideológico.