La celebración del 1 de mayo ocurre como conmemoración de una huelga en Chicago en el año 1886, en la que los trabajadores exigían un trato más justo.

El Día del Internacional del Trabajo, celebrado en muchos lugares alrededor del mundo, tuvo su origen en Chicago y otras ciudades estadunidenses el 1 de mayo de 1886, cuando aproximadamente 300 mil trabajadores comenzaron una huelga en busca de un trato más justo y de jornadas laborales de 8 horas.

La huelga, que estaba planeada para durar varios días, comenzó a tornarse violenta hasta que, el 4 de mayo, una bomba estalló en Chicago cerca de un grupo de policías que trataba de controlar las protestas durante la Revuelta de Haymarket. El enfrentamiento dejó un saldo de 67 oficiales heridos, de los cuales murieron 7 y por parte de los trabajadores se estima que hubo cerca de 200 heridos y un número desconocido de muertos.

Como consecuencia a los actos violentos, se inició una cacería en contra de los huelguistas. Detuvieron a 8 miembros de la Asociación Internacional del Pueblo Trabajador, quienes fueron tachados de anarquistas y luego serían condenados a muerte —con la excepción de uno de ellos.

En conmemoración a todos los trabajadores que murieron en las protestas, el Congreso Obrero Socialista Internacional, celebrado en París el 1 de mayo de 1889, declaró que el primero de mayo se celebraría el Día Internacional de los Trabajadores en la mayoría de los países del mundo.

1889: El primer Primero de Mayo en España

París acoge el congreso fundacional de la Segunda Internacional, al que acude Pablo Iglesias en calidad de presidente de la Unión General de Trabajadores, fundada solo un año antes. Allí se acuerda celebrar anualmente el 1 de mayo con una gran manifestación en todas aquellas ciudades con trabajadores dispuestos a reclamar la reducción de la jornada laboral. Desde el primer momento, el movimiento obrero español adoptó dos vías: por un lado, los socialistas pretendían celebrar una “fiesta del trabajo”, denominación ideada para tranquilizar a aquellos sectores de la población temerosos de que la marcha se convirtiese en un acto violento; por otro, los anarquistas optaron por convocar una huelga revolucionaria. A pesar de algunos inicidentes en Barcelona y el País Vasco, el balance general del primer 1 de mayo español no fue nada negativo: como mínimo, el gobierno y la prensa descubrieron que el movimiento obrero podía organizarse para llevar gente a la calle y gritar una serie de reivindicaciones que ya no podían ignorar.