“Si algo he hecho para contribuir a este final, doy por buena toda mi vida política”, respondería en el mismo acto Rubalcaba, a quien para entonces ya no le quedaba un centímetro cuadrado en su cuerpo en el que los adversarios pudieran clavar una cuchillada más. Ni mil vidas que viviera ya darían para sortear toda la basura esparcida contra él por los populares: por la libertad que por ley correspondía al etarra De Juana Chaos, por el “caso Faisán“, por el sistema de escuchas Sitelque hoy mantiene intacto el PP, por los presos que nunca acercó, por la Navarra que nunca entregó o por el precio que nunca pagó…

Para los libros de historia quedará el desgaste ante la opinión pública que soportó por implicarse a fondo en la búsqueda de un proceso de paz, con negociación frustrada incluida, y el hundimiento posterior por la trágica sorpresa del atentado terrorista de la T-4. Bien es cierto que el adiós a las armas de ETA y la disolución posterior esta semana endulzará tantos y tantos momentos amargos. Pero ahora que todos hablan de la necesidad de escribir el relato de la verdad, que éste sea con memoria crítica e incluya además el papel que jugó un entonces un infame partido de la oposición.

Hoy es de justicia reconocerles lo hecho. A Zapatero, a Eguiguren, a Patxi López, a Rubalcaba y a tantos otros que soportaron en silencio tanta infamia, en especial el entonces ministro del Interior, que como todos sus antecesores hizo lo indecible por acabar con ETA, pero sólo a él difamaron, insultaron y persiguieron durante los años en que fue responsable de la lucha antiterrorista, una teórica cuestión de Estado que el PP aprovechó hasta la nausea para intentar sacar rédito seguramente porque nunca acabó de deglutir la derrota electoral de 2004

https://m.huffingtonpost.es/esther-palomera/nada-hubiera-sido-posible-sin-rubalcaba_a_23427231/?utm_hp_ref=es-homepage