El Gobierno de Pedro Sánchez quiere demostrar que es radicalmente distinto al de Mariano Rajoy en otro terreno. En el de la sensibilidad hacia las crisis humanitarias y el trato a los refugiados. Y así buscó probarlo este lunes: el presidente, según informó La Moncloa en un comunicado, ha dado ya “instrucciones para que España cumpla con los compromisos internacionales en materia de crisis humanitarias” y ha anunciado que “acogerá en un puerto español al barco ‘Aquarius”, en el que se encuentran 629 inmigrantes “abandonados a su suerte en el Mediterráneo”. Pero para que lleguen al país harían falta varios días de navegación, y puede que no sea una travesía segura dada las condiciones físicas de los ocupantes.

El Govern de Pedro Sánchez vol demostrar que és radicalment diferent del de Mariano Rajoy en un altre terreny. En el de la sensibilitat cap a les crisis humanitàries i el tracte als refugiats. I així va buscar provar aquest dilluns: el president, segons ha informat la Moncloa en un comunicat, ha donat ja “instruccions perquè Espanya compleisca amb els compromisos internacionals en matèria de crisis humanitàries” i ha anunciat que “acollirà en un port espanyol al vaixell ‘ Aquarius “, en el qual es troben 629 immigrants” abandonats a la seva sort a la Mediterrània “. Però perquè arriben al país farien falta diversos dies de navegació, i pot ser que no siga una travessia segura donada les condicions físiques dels ocupants.

El Ejecutivo, en su nota, subraya que es “obligación” de España evitar una “catástrofe” humanitaria y ofrecer “un puerto seguro” a estas personas, “cumpliendo de esta manera con las obligaciones del Derecho Internacional”. Sánchez ya eligió incluso destino del barco: el puerto de Valencia, “previa coordinación con la Generalitat valenciana”, que dirige el socialista Ximo Puig.

Sánchez lanza así un mensaje contundente y rápido hacia las autoridades europeas, de contraste total con la actitud mantenida por el Ejecutivo italiano de Giuseppe Conte, cuyo nuevo ministro del Interior y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini, se negó a dar permiso para que el ‘Aquarius’ desembarcara en un puerto del país. Más aún, desafió a las autoridades de Malta al exigirles que fueran ellas las que abrieran sus puertos al barco. Salvini cumplía así su prometida “mano dura” contra la inmigración, y en particular contra países como Malta, que se niegan a recibir a personas migrantes.